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CHINA: ¿SUPERPOTENCIA ECONOMICA DEL SIGLO?

China ha logrado en el período 1980/2010 las tasas de expansión económica media anual -10 por ciento- más notables de todos los tiempos desde que se tenga registro escrito o reconocido, al mismo tiempo que lo viene haciendo de una forma sistemática sin que haya tenido grandes oscilaciones en sus niveles de PIB, como así tampoco ha experimentado violentas caídas en sus índices de producción.

Publicado el 28 de Junio de 2011 en Economía , Mercosur y Temas Jurídicos

Otra prueba notable de la extraordinaria solidez de la economía china, no obstante todas las deficiencias que pueda presentar, es que después de la gran crisis financiera del 2008 -que se abatió sobre los Estados Unidos y la Unión Europea deprimiendo sus niveles de actividad, ingresos y empleo- China ha llegado a crecer en algunos trimestres a una tasa anual superior al 13 por ciento, terminando el 2009 con un crecimiento del PIB superior al 10 por ciento.

Es de tal magnitud el nivel de actividad que las autoridades están adoptando medidas para impedir un sobrecalentamiento que pueda desencadenar una burbuja inmobiliaria y de precios, que comprometa las metas macroeconómicas del país. Su crecimiento del 2010 (superior al 10%) y el previsto para el 2011 (7 u 8%) son cifras utópicas e inalcanzables para cualquier economía del Occidente industrializado.

El PIB de China se estima, a precios corrientes, mayor de 5 trillones de dólares y es ya la segunda economía del mundo por dicha dimensión, desplazando a Japón de ese lugar, país este último que fuera considerado el "cuco" de Occidente hasta el estallido de su gran crisis inmobiliaria y financiera de fines de la década del ochenta, de la cual nunca se recuperó plenamente hasta lo que va de la primera década del siglo XXI, debiendo lidiar ahora con las implicancias del terrible tsunami sufrido el 11 de marzo pasado.

En muchísimos rubros demostrativos de la magnitud del PIB de un país, China ya ha superado ampliamente a los Estados Unidos de América que representa el 25 por ciento del PIB mundial. Así ocurre con la fabricación de acero, cemento, químicos, automotores, generación de energía, etc. El PIB industrial de China es ya superior al de los Estados Unidos, algo totalmente impensable hace poco tiempo atrás.

También China supera a los Estados Unidos como potencia exportadora, habiendo quebrado el techo del trillón de dólares de exportaciones, adelantándose también a Alemania en este aspecto central del desarrollo.

El gigante asiático se ha convertido en el 2010 en la mayor potencia exportadora del mundo, sin computar en este cálculo las exportaciones de Hong Kong de las que un 80 por ciento son mercancías producidas en la China continental.

El consumo de energía indica -con mayor precisión que la medición estadística macroeconómica- la verdadera dimensión del PIB de un país, por lo que es de primerísima importancia el dato publicado en el 2010 acerca que, en dicho consumo, China superó a los Estados Unidos por primera vez. La trascendencia de este dato es que plantea lo que tal vez sea el mayor enigma de la economía mundial: ¿Cuál es la verdadera dimensión de la economía china?

Todo el mundo financiero está de acuerdo en que la cotización externa de la moneda china, el yuan, está subvaluada respecto a la medición de la triple P (Purchasing Power Parity) como fruto de una decisión política del Gobierno. El propio Banco Mundial en su Informe Anual registra que, de acuerdo a sus estimaciones, el PIB de China -calculado en función de la paridad adquisitiva de su moneda- casi duplicaría al PIB calculado en función de la cotización oficial del yuan/dólar, debido a que la subvaluación de la moneda de un país reduce el monto del PIB en relación al PIB real, sucediendo a la inversa con una moneda sobrevaluada.

Un ejemplo de la importancia de la cotización de la moneda en relación a la magnitud del PIB lo demuestra el hecho que el yuan entre el 2005 (en que abandonó su ligazón al dólar a una paridad fija) hasta el 2008 (en que retornó al sistema anterior), se revaluó en un 25 por ciento, lo que tuvo su peso en incrementar el PIB de China que, aunado a su gran crecimiento, hizo posible que este país desplace a Japón como segunda economía del mundo.

A partir de mediados del 2010 las autoridades chinas retornaron a la flotación administrada de la cotización del yuan con respecto a una canasta de monedas, previéndose por el mercado que se volverá a iniciar un proceso muy lento pero gradual de revaluación de la moneda china, lo que implicará que a la tasa de expansión real del PIB del país habrá que agregarle el derivado del mencionado proceso de revaluación monetaria.

Cualquiera sea la discrepancia entre los cálculos del PIB chino respecto a la realidad que muestran los datos respecto a la producción de bienes de gran importancia, lo cierto es que todo indicaría que a fines de la década 2010/2020 el PIB de China se acercaría o igualaría al de los Estados Unidos, dado que las tasas de crecimiento de ambas economías seguiría mostrando una diferencia sustancial a favor del país asiático.

La estimación del crecimiento anual del PIB de China, a partir de la revaluación de su moneda, estaría formada por el incremento del PIB en términos reales, más el incremento derivado de la revaluación de su moneda (que no pasaría del 2 por ciento anual), haciendo un total de 12 por ciento.

A esta tasa media anual de expansión, el PIB del país asiático sería 3 veces mayor que el actual a fines del 2020, pasando a ser 3.88 veces superior a fines del 2022 y 5.45 mayor al término del 2025. Estos porcentajes contrastan de manera aguda con lo que pueda esperarse respecto al crecimiento de la economía estadounidense, dado el feroz impacto negativo de la gran crisis financiera del 2008 la que, según cálculos de muchos analistas, llevará un tiempo considerable para volver a las tasas de crecimiento anteriores a la misma, que, de todos modos, ya eran bastante inferiores a las de China.

En este escenario, el actual patrón macroeconómico de los Estados Unidos -con una gran participación del consumo en la formación del PIB (70 por ciento), dejando sólo un 30 por ciento para la inversión y las exportaciones- crea una incógnita acerca de la posibilidad que dicha economía adquiera un fuerte dinamismo de crecimiento, con lo cual la diferencia de magnitud en su favor que hoy tiene su PIB en relación al de China se reduciría en forma gradual y sistemática en una suerte de cuenta regresiva, de no mediar cambios sustanciales.

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